Nunca debemos fiarnos de los tulipanes que llevan gafas de sol. Especialmente, si están pasadas de moda. Otra cuestión diferente sería que los portadores de lentes fuesen girasoles. Su naturaleza especial hace que no se los pueda juzgar de la misma forma que a los tulipanes.
¿Pero qué ocurre si con lo que te topas es con un geranio poeta? ¿O con un cactus envuelto en una gabardina? Ah, son el tipo de situaciones en las que la flora intenta engañarnos. Pero debemos ser más listos que ella. Debemos aprender a pensar fotosintéticamente, adelantándonos al enemigo.
Sépalos.
Pistilos.
Y una taza de té ya vacía, olvidada junto al romero.
Así pasan los días en esta llanura sureña, mientras los pájaros leen novela negra y las uvas pasas toman el sol.
"Hinojoso". Era esa palabra que transportaba el viento al pasar entre las copas de los árboles. Hinojoso Pamposito, aquel que estaba destinado a hacer grandes cosas.
miércoles, 16 de enero de 2013
martes, 15 de enero de 2013
Crisálida
Los dos chicos se contemplaban, pensativos. Frente a frente, midiendo las distancias, tratando de evaluarse el uno al otro.
-Tu corazón tiene heridas -dijo el joven de cabellos de fuego.
-También las veo en el tuyo -respondió Daro.
-El mío tiene cortes. Puñaladas que laceran y dejan después feas cicatrices. Pero el tuyo... el tuyo aún tiene la hoja clavada.
-No tengo por costumbre deshacerme de los golpes que asestan a mi corazón. Están ahí, como un recuerdo del día en el que alguien se acercó demasiado a las llamas.
-¿Y cómo va a curar entonces?
-¿Quién necesita que cure? Mira el tuyo. Endurecido, envuelto en una piel de cuero surcada de cicatrices. Hasta le cuesta latir.
-Es el resultado de múltiples ataques. Al final se vuelve más resistente, menos vulnerable. Los golpes solo hacen cosquillas.
-En eso nos diferenciamos. No hay barreras que impidan el daño en mi corazón. Pero el mango de los puñales tampoco deja que otros nuevos arañen la carne aún débil. Solo aquellas caricias tan suaves como para escurrirse entre el frío metal son capaces ahora de tocar mi cuerpo. Tener presente el dolor no es tan malo como parece.
-Nunca lo había pensado así. Pero el día en que alguien golpee demasiado cerca de una herida ya abierta, lamentarás no contar con un corazón como el mío.
En ese instante, la chica se acercó a los jóvenes. Sonrió.
-Otra estúpida discusión, ¿verdad? Sois como niños. Con lo sencillo que es impedir que acerquen las armas a nuestro vulnerable cuerpo...
-¿Cómo lo harías?
-Oh, es bien sencillo. En cuanto alzasen el puñal contra mí, me encargaría de abrir un nuevo agujero en mitad de su pecho. O de su frente. El lugar es lo de menos, lo importante es acabar con él antes de que pueda clavarte los dientes y envenenarte.
-Ataque como defensa...
-Oh, no, mis niños. Yo solo me limito a hacer el bien. Libero almas condenadas. Proteger mi vida es solo una consecuencia necesaria.
Los dos chicos se miraron sin terminar de entender el motivo por el que ella siempre mostraba ese desprecio hacia aquellos que vivían a sus pies.
-Quizás va siendo hora de que saque uno de los puñales -dijo Daro.
-Creo que no es necesario que lo hagas ahora mismo -El pelirrojo acarició la sangre que manaba de las heridas de su compañero-. Quizás mañana los vientos nos sean más propicios.
-No tienes que temer mi muerte.
-Yo... yo no he dicho nada de eso...
La chica sacudió la cabeza con resignación. Podrían volver a pasar otras siete décadas y ellos seguirían igual. Repartiéndose el dolor del mundo.
-Tu corazón tiene heridas -dijo el joven de cabellos de fuego.
-También las veo en el tuyo -respondió Daro.
-El mío tiene cortes. Puñaladas que laceran y dejan después feas cicatrices. Pero el tuyo... el tuyo aún tiene la hoja clavada.
-No tengo por costumbre deshacerme de los golpes que asestan a mi corazón. Están ahí, como un recuerdo del día en el que alguien se acercó demasiado a las llamas.
-¿Y cómo va a curar entonces?
-¿Quién necesita que cure? Mira el tuyo. Endurecido, envuelto en una piel de cuero surcada de cicatrices. Hasta le cuesta latir.
-Es el resultado de múltiples ataques. Al final se vuelve más resistente, menos vulnerable. Los golpes solo hacen cosquillas.
-En eso nos diferenciamos. No hay barreras que impidan el daño en mi corazón. Pero el mango de los puñales tampoco deja que otros nuevos arañen la carne aún débil. Solo aquellas caricias tan suaves como para escurrirse entre el frío metal son capaces ahora de tocar mi cuerpo. Tener presente el dolor no es tan malo como parece.
-Nunca lo había pensado así. Pero el día en que alguien golpee demasiado cerca de una herida ya abierta, lamentarás no contar con un corazón como el mío.
En ese instante, la chica se acercó a los jóvenes. Sonrió.
-Otra estúpida discusión, ¿verdad? Sois como niños. Con lo sencillo que es impedir que acerquen las armas a nuestro vulnerable cuerpo...
-¿Cómo lo harías?
-Oh, es bien sencillo. En cuanto alzasen el puñal contra mí, me encargaría de abrir un nuevo agujero en mitad de su pecho. O de su frente. El lugar es lo de menos, lo importante es acabar con él antes de que pueda clavarte los dientes y envenenarte.
-Ataque como defensa...
-Oh, no, mis niños. Yo solo me limito a hacer el bien. Libero almas condenadas. Proteger mi vida es solo una consecuencia necesaria.
Los dos chicos se miraron sin terminar de entender el motivo por el que ella siempre mostraba ese desprecio hacia aquellos que vivían a sus pies.
-Quizás va siendo hora de que saque uno de los puñales -dijo Daro.
-Creo que no es necesario que lo hagas ahora mismo -El pelirrojo acarició la sangre que manaba de las heridas de su compañero-. Quizás mañana los vientos nos sean más propicios.
-No tienes que temer mi muerte.
-Yo... yo no he dicho nada de eso...
La chica sacudió la cabeza con resignación. Podrían volver a pasar otras siete décadas y ellos seguirían igual. Repartiéndose el dolor del mundo.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Estallido
Estallido multicolor de brochetas industriales sureñas.
Rojo, amarillo, verde y color piedra estampada a topos. Eso era todo lo que Hinojoso conseguía ver a su alrededor. Los colores saltaban, se mezclaban y cantaban ópera de mala calidad.
Cuando el estallido audiovisual fue menguando, Hinojoso pudo comprobar que todo a su alrededor había cambiado. El río se había secado, el cielo se había cubierto de nubes grises con muy mala cara. Y por si fuera poco, una vaca bicéfala mugía desde la cima de una montaña cubierta de nieve rosa.
Hinojoso se encogió de hombros. El mundo a veces hace esas cosas. Muta sin avisar, sin dejar que nos preparemos para el cambio. Es lo que se denomina "metamorfosis sorpresiva intercelular y levemente cromática". Ya sucedió en el pasado, en 1722. Y según antiguos escritos persas, en el -3,44.
Y es que así es la vida. Caótica y rectangular, dependiente y restaurada por ingleses cauterizados.
Total, que Hinojoso aceptó su nuevo mundo con resignación. Como hacemos todos con los lunes.
Rojo, amarillo, verde y color piedra estampada a topos. Eso era todo lo que Hinojoso conseguía ver a su alrededor. Los colores saltaban, se mezclaban y cantaban ópera de mala calidad.
Cuando el estallido audiovisual fue menguando, Hinojoso pudo comprobar que todo a su alrededor había cambiado. El río se había secado, el cielo se había cubierto de nubes grises con muy mala cara. Y por si fuera poco, una vaca bicéfala mugía desde la cima de una montaña cubierta de nieve rosa.
Hinojoso se encogió de hombros. El mundo a veces hace esas cosas. Muta sin avisar, sin dejar que nos preparemos para el cambio. Es lo que se denomina "metamorfosis sorpresiva intercelular y levemente cromática". Ya sucedió en el pasado, en 1722. Y según antiguos escritos persas, en el -3,44.
Y es que así es la vida. Caótica y rectangular, dependiente y restaurada por ingleses cauterizados.
Total, que Hinojoso aceptó su nuevo mundo con resignación. Como hacemos todos con los lunes.
martes, 13 de noviembre de 2012
Hinojoso
Hinojoso Pamposito era un tío cutre. Muy cutre. Más que uno de esos abedules que te despiertan por la mañana antes de tiempo.
Vivía en un pequeño apartamento a las afueras de la ciudad, junto a su tortuga Claudia. Cada mañana, llenaba el cuenco de comida de su compañera, mientras ella intentaba arrancarle los dedos a mordiscos. Una relación de lo más tierna y bonita.
Hinojoso trabajaba en cosas feas. Comercial de cactus, orientado al sector de las plantas de procesado cárnico. Por extraño que parezca, era un negocio con el que ganaba una cantidad de dinero nada despreciable. Las fábricas siempre han sido lugares muy tristes, así que no era difícil convencer a los jefes de que llenarlas de macetas de "Charlies" y "Genovevas" (las dos especies más demandadas) ayudaría a mejorar la producción del lugar.
Por tanto, podía permitirse el llevar una vida anodina pero razonablemente cómoda. Los fines de semana, para escapar de la rutina, solía caminar cerca del río, sacando imágenes del paisaje. Luego, en casa, las colocaba en las páginas libres del álbum. Así había llenado ya cuarenta tomos de clónicas imágenes.
Nada hacía sospechar que Hinojoso estaba a punto de vivir una experiencia que cambiaría por completo su forma de ver el mundo. Solo quedaban dos semanas para el nacimiento del oblongo interdimensional.
Vivía en un pequeño apartamento a las afueras de la ciudad, junto a su tortuga Claudia. Cada mañana, llenaba el cuenco de comida de su compañera, mientras ella intentaba arrancarle los dedos a mordiscos. Una relación de lo más tierna y bonita.
Hinojoso trabajaba en cosas feas. Comercial de cactus, orientado al sector de las plantas de procesado cárnico. Por extraño que parezca, era un negocio con el que ganaba una cantidad de dinero nada despreciable. Las fábricas siempre han sido lugares muy tristes, así que no era difícil convencer a los jefes de que llenarlas de macetas de "Charlies" y "Genovevas" (las dos especies más demandadas) ayudaría a mejorar la producción del lugar.
Por tanto, podía permitirse el llevar una vida anodina pero razonablemente cómoda. Los fines de semana, para escapar de la rutina, solía caminar cerca del río, sacando imágenes del paisaje. Luego, en casa, las colocaba en las páginas libres del álbum. Así había llenado ya cuarenta tomos de clónicas imágenes.
Nada hacía sospechar que Hinojoso estaba a punto de vivir una experiencia que cambiaría por completo su forma de ver el mundo. Solo quedaban dos semanas para el nacimiento del oblongo interdimensional.
miércoles, 29 de agosto de 2012
Vale, había muerto, pero he resucitado.
Ejem.
He estado ocupada haciendo cosas.
Terminé los exámenes en junio.
Estuve liada con el teórico de conducir en julio.
Me comprometí a colaborar con una web de juegos.
Me fui de vacaciones.
Enfermé.
Bueno, lo de enfermar vino antes de todo lo demás, y ahí seguimos. Por eso no he estado muy animada para actualizar el blog, pero va siendo hora de que lo retome.
Ahora estoy pasando unos días en casa de mis seres paternos, medio drogada entre pastillas. Pero eh, voy poco a poco. Cada día que pasa soy un poco más persona. Y para demostrarlo, he regresado.
Hoy os dejo con un relato muy tierno:
Gominola esponjosa se hizo amiga de algodón de azúcar lanudo. Se fueron juntos a quemar gente. Fin.
Sed bienvenidos de nuevo a este... ehmm... blog. O algo.
He estado ocupada haciendo cosas.
Terminé los exámenes en junio.
Estuve liada con el teórico de conducir en julio.
Me comprometí a colaborar con una web de juegos.
Me fui de vacaciones.
Enfermé.
Bueno, lo de enfermar vino antes de todo lo demás, y ahí seguimos. Por eso no he estado muy animada para actualizar el blog, pero va siendo hora de que lo retome.
Ahora estoy pasando unos días en casa de mis seres paternos, medio drogada entre pastillas. Pero eh, voy poco a poco. Cada día que pasa soy un poco más persona. Y para demostrarlo, he regresado.
Hoy os dejo con un relato muy tierno:
Gominola esponjosa se hizo amiga de algodón de azúcar lanudo. Se fueron juntos a quemar gente. Fin.
Sed bienvenidos de nuevo a este... ehmm... blog. O algo.
jueves, 24 de mayo de 2012
No he muerto
Desde la última vez que escribí una entrada en este blog, han pasado muchas cosas. Por ejemplo, han cambiado el estilo de todo este rollo del editor de entradas. Ahora es todo muy minimalista y feo.
En cualquier caso, sigo con vida. Igual no por mucho tiempo, porque quién sabe, lo mismo me ataca un grupo de informáticos cuando menos me lo espere. Pero lo más probable es que todavía me quede un tiempo nada despreciable por delante. Y lo aprovecharé para actualizar el blog, sí. Pero no hasta junio, fecha en la que seré libre. Y ya no volveré a estudiar nunca más (eso digo siempre y al final me enredo estudiando otra cosa, no tengo remedio).
Pero hasta entonces, os toca ser fuertes. No habrá carpas, ni pelusas, ni pollos tuertos, ni fotos porno de Jan.
Llorad mi ausencia.
En cualquier caso, sigo con vida. Igual no por mucho tiempo, porque quién sabe, lo mismo me ataca un grupo de informáticos cuando menos me lo espere. Pero lo más probable es que todavía me quede un tiempo nada despreciable por delante. Y lo aprovecharé para actualizar el blog, sí. Pero no hasta junio, fecha en la que seré libre. Y ya no volveré a estudiar nunca más (eso digo siempre y al final me enredo estudiando otra cosa, no tengo remedio).
Pero hasta entonces, os toca ser fuertes. No habrá carpas, ni pelusas, ni pollos tuertos, ni fotos porno de Jan.
Llorad mi ausencia.
sábado, 21 de abril de 2012
Drrom, redrrom..
El chico sonrió al verla. Una sonrisa despreocupada, como si no hubiese existido el tiempo de ausencia entre ellos. En otras circunstancias a ella le hubiese molestado su actitud, pero ya no era una chiquilla. Había pasado la mitad de su vida en compañía de aquel espíritu, de aquel joven que nunca llegó a estar vivo, pero que tampoco era capaz de morir.
-Adivina dónde he estado -dijo al tiempo que tomaba asiento junto a ella.
-¿Buscándote a ti mismo?
-¿He necesitado hacer eso alguna vez?
-Supongo que no. Tú siempre has sido el mismo.
-Eso no es cierto. A veces he cambiado.
-No. He cambiado yo, y tú has cambiado conmigo. Para adaptarte a mí.
-¿Para ayudarte?
-Llámalo como quieras.
Se hizo el silencio durante unos instantes. El chico lo rompió con otra pregunta.
-¿Has aprendido algo en todo este tiempo?
-Posiblemente.
-¿Y bien?
-Que no quiero aprender.
El joven dejó escapar una carcajada.
-Esa es buena -dijo- pero sabes que no es posible.
-Como si me importara...
-Hm. ¿Significa eso que eres feliz?
-¿Acaso he dejado de serlo alguna vez?
-Recuerdo una vez, allá por el 72...
-Bah, déjalo, idiota -no pudo ocultar una sonrisa-. Sé a lo que te refieres. Y la respuesta es sí.
-Casi echo de menos que me necesites.
-La verdad es que yo no. En absoluto.
-Pero te sigues acordando de mí, ¿verdad?
-De ti y de todos. Sois como una plaga, con vuestras voces acompañándome a todas horas. ¿O crees que no sé que toda ausencia es ficticia?
-Pues no parece importarte si lo es o no.
-Si tropiezo, seguramente maldiga un poco y me acuerde de vosotros. Pero mientras tanto, me es un poco indiferente.
-Auch, eso duele.
-Eh, no me interpretes mal. Te adoro. Y lo sabes. Y precisamente porque tú haces lo propio conmigo, sabes que es la evolución lógica.
-Claro que lo sé. Y me alegro. Pero me gusta hacerme la víctima de cuando en cuando.
-Eres incorregible...
El chico se encogió de hombros. Era lo que era. Y lo que ella quería que fuese.
La rodeó entre sus brazos y la acunó suavemente.
-¿Y qué hay de la otra? -preguntó.
-Estoy muy tranquila sin su presencia.
-¿Pero se ha ido?
-¡Qué va! No puede irse. Es un poco como tú.
-¿Y la necesitas?
-No lo diría así. A veces puede ser un incordio. Uno muy grande, todo hay que decirlo. Pero a la larga es conveniente tenerla cerca. Ayuda a tener una imagen global de todo esto -la chica hizo un gesto con la mano, tratando de abarcar el espacio que los rodeaba.
-La verdad es que me sigue fascinando lo bien que manejas todo. Creas, destruyes, cambias. Y con una determinación que no sé de dónde sacas.
-Es fácil. Es similar a lo que decían ellos. La existencia mediocre es fácil, llevadera. Pero también insustancial, casi predeterminada. El riesgo... bueno, a veces te acerca al caos. Pero cuando consigues encontrar el buen camino... En fin, no sé si podrías llegar a entenderlo. Pero es una decisión que merece la pena.
-¿Volverías a hacerlo de poder elegir?
-Dudaría, claro está. Pero sabes que aceptaría.
-¿Y pasarías el testigo a otro?
-No pienso pasártelo a ti, si es lo que estás insinuando.
-Eh, para nada. No envidio tu situación.
-Da igual. No pasaría el testigo a nadie. Imagina que no son capaces de recorrer el camino. Y nos cargamos todo el sistema.
-Adiós humanidad.
-Bah, eso es lo de menos. Adiós equilibrio.
-¿Equilibrio? ¿Pero desde cuándo te importa a ti eso?
-Bueno, tiene su utilidad. Es el punto de partida cuando echas a volar. Y a raíz de él estableces los límites.
-Entiendo. Entonces creo que ya está.
-¿Ya está?
-La charla. Otro día volveré a pasarme, pero por hoy hemos acabado.
-Siempre haces lo mismo.
-Así soy yo...
Y desapareció desvaneciéndose en su propia esencia, sin mayor motivo que el que lo había llevado hasta allí.
-Adivina dónde he estado -dijo al tiempo que tomaba asiento junto a ella.
-¿Buscándote a ti mismo?
-¿He necesitado hacer eso alguna vez?
-Supongo que no. Tú siempre has sido el mismo.
-Eso no es cierto. A veces he cambiado.
-No. He cambiado yo, y tú has cambiado conmigo. Para adaptarte a mí.
-¿Para ayudarte?
-Llámalo como quieras.
Se hizo el silencio durante unos instantes. El chico lo rompió con otra pregunta.
-¿Has aprendido algo en todo este tiempo?
-Posiblemente.
-¿Y bien?
-Que no quiero aprender.
El joven dejó escapar una carcajada.
-Esa es buena -dijo- pero sabes que no es posible.
-Como si me importara...
-Hm. ¿Significa eso que eres feliz?
-¿Acaso he dejado de serlo alguna vez?
-Recuerdo una vez, allá por el 72...
-Bah, déjalo, idiota -no pudo ocultar una sonrisa-. Sé a lo que te refieres. Y la respuesta es sí.
-Casi echo de menos que me necesites.
-La verdad es que yo no. En absoluto.
-Pero te sigues acordando de mí, ¿verdad?
-De ti y de todos. Sois como una plaga, con vuestras voces acompañándome a todas horas. ¿O crees que no sé que toda ausencia es ficticia?
-Pues no parece importarte si lo es o no.
-Si tropiezo, seguramente maldiga un poco y me acuerde de vosotros. Pero mientras tanto, me es un poco indiferente.
-Auch, eso duele.
-Eh, no me interpretes mal. Te adoro. Y lo sabes. Y precisamente porque tú haces lo propio conmigo, sabes que es la evolución lógica.
-Claro que lo sé. Y me alegro. Pero me gusta hacerme la víctima de cuando en cuando.
-Eres incorregible...
El chico se encogió de hombros. Era lo que era. Y lo que ella quería que fuese.
La rodeó entre sus brazos y la acunó suavemente.
-¿Y qué hay de la otra? -preguntó.
-Estoy muy tranquila sin su presencia.
-¿Pero se ha ido?
-¡Qué va! No puede irse. Es un poco como tú.
-¿Y la necesitas?
-No lo diría así. A veces puede ser un incordio. Uno muy grande, todo hay que decirlo. Pero a la larga es conveniente tenerla cerca. Ayuda a tener una imagen global de todo esto -la chica hizo un gesto con la mano, tratando de abarcar el espacio que los rodeaba.
-La verdad es que me sigue fascinando lo bien que manejas todo. Creas, destruyes, cambias. Y con una determinación que no sé de dónde sacas.
-Es fácil. Es similar a lo que decían ellos. La existencia mediocre es fácil, llevadera. Pero también insustancial, casi predeterminada. El riesgo... bueno, a veces te acerca al caos. Pero cuando consigues encontrar el buen camino... En fin, no sé si podrías llegar a entenderlo. Pero es una decisión que merece la pena.
-¿Volverías a hacerlo de poder elegir?
-Dudaría, claro está. Pero sabes que aceptaría.
-¿Y pasarías el testigo a otro?
-No pienso pasártelo a ti, si es lo que estás insinuando.
-Eh, para nada. No envidio tu situación.
-Da igual. No pasaría el testigo a nadie. Imagina que no son capaces de recorrer el camino. Y nos cargamos todo el sistema.
-Adiós humanidad.
-Bah, eso es lo de menos. Adiós equilibrio.
-¿Equilibrio? ¿Pero desde cuándo te importa a ti eso?
-Bueno, tiene su utilidad. Es el punto de partida cuando echas a volar. Y a raíz de él estableces los límites.
-Entiendo. Entonces creo que ya está.
-¿Ya está?
-La charla. Otro día volveré a pasarme, pero por hoy hemos acabado.
-Siempre haces lo mismo.
-Así soy yo...
Y desapareció desvaneciéndose en su propia esencia, sin mayor motivo que el que lo había llevado hasta allí.
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